martes, 4 de octubre de 2011

Implosión


De nuevo estábamos allí, en el mismo parque, las mismas personas. Él procuraba no mirar hacia la izquierda, evitando el contacto de nuestras miradas. La distancia que nos separaba era minúscula, pero entre ambos existía una pared que yo mismo acababa de alzar. Apenas había pasado un minuto, pero en mi mente los segundos transcurrían eternos.
                
-¿Y ahora qué?-preguntó, manteniendo la mirada clavada en el horizonte.

Los niños corrían alegres, danzando y cantando a nuestro alrededor, pequeños soles en contraste con la multitud de nubes grises que se arremolinaban sobre sus cabezas. La hierba moría mientras los primeros días de diciembre veían la luz. Y nosotros, en medio de aquel pequeño caos, nos manteníamos en el mismo banco donde una vez reímos.


Y mientras estaba con otros, pensaba en él. Incluso cuando tenía delante al más increíble de los hombres entre mis manos. ¿Por qué con ellos no sentía lo mismo que sentía cuando estaba con él? ¿Por qué no me hacían reír, o por qué cuando estaba con ellos lo único en lo que pensaba era en nuestra última tarde del viernes, en la que le tuve a apenas unos centímetros de mí?

-Tú decides-fue lo único que pude decir.

-¿Por qué me lo cuentas ahora?

Cada segundo que estábamos en ese banco, sentía como todos estos años se iban viniendo abajo. Todas esas noches sin dormir, riéndonos en  ese mismo parque, gritando, sonriendo. Los momentos que pasamos juntos, las películas que vimos, los secretos que compartimos.

La besaba. Por primera vez parecía que tenía sentimientos, y no eran hacia mí. La besaba, tanto, y tan fuerte, que podía imaginarme que era yo quien estaba entre sus labios. Pero no. Y me molestaba hablar de ella, me molestaba verla, me molestaba tener que saludarla cada día, y pensar que algún día él me cambiaría.

-¿Sabes cuánto tiempo hace que me llevo callando esto?-susurré tan bajito que apenas me podía escuchar yo mismo.

Hubiese querido un abrazo cuando le dije que no era como los demás, pero me bastó con que no le importó. Sonrió y siguió a lo suyo. Siempre me conformaba con eso, con una simple sonrisa. Aunque cada vez costaba más, y más, y más…Y él no lo notaba, porque nunca se daba cuenta de nada, pero el veneno que me dejaban mis sentimientos hacia él salpicaba al resto de la humanidad.

-Yo…¿qué pretendes que pase ahora?-preguntó, mientras la voz se le quebraba

Bésame, como la besas a ella todos los días. Bésame, como hago yo con todos esos tipos que no saben ni siquiera sacarme una sonrisa. Escucho sus gemidos desde mi boca, siento sus cuerpos bajo los míos, pero cuando se van, y me dejan a solas con mi cigarro, en lo único en lo que pienso es en por qué cojones no estás tumbado a mi lado.

-¿Esto significa lo que creo que significa?-dije mientras se me llenaban los ojos de lágrimas.

Veía tan claro lo que iba a pasar. Como si una bomba atómica cayese entre ambos, como si la onda expansiva que provocase no nos permitiese volver a sentarnos en ese banco, no juntos, al menos. Veía como él se juntaba por fin con amigos que le comprendían, que no se metían con él. Con su chica, agarrado de la mano. Y yo,  a cientos de kilómetros, sobre otra persona a la que no quería.

Como un efecto dominó, todas las personas iban cayendo una tras otra a nuestro alrededor. Todas confusas, preguntando qué había pasado, qué había causado esa caída en cadena. ¿Por qué dos amigos, después de tanto tiempo juntos, tras miles de horas pegados, e historias vividas rompían todo eso por una simple tontería? Al fin y al cabo…el amor es una tontería. Es solo una excusa para recordarnos lo débiles que somos. Para recordar…que en cualquier momento alguien nos puede destrozar por dentro…y solo bastan dos palabras para ello.

No hay comentarios:

Publicar un comentario