Incluso el más despreciable de los seres ha tenido infancia. Ese hombre que se pasea todos los días por el parque, observando a las jovencitas recién salidas de sus clases, riéndose, con sus ajustadas camisetas que no cubren nada y sus escasos pantalones. O ese otro que dedica por completo su vida a hacer un poquito más complicada la de los demás. Todos ellos, un día no fueron más que críos con terribles miedos e inseguridades, atormentados ante la inmensidad de lo que les rodeaba. Lloraron, corrieron, disfrutaron de juegos tan estimulantes como las tinieblas... Y sin embargo, seres más despreciables que todos ellos juntos siguen empeñados en usar expresiones tan crueles como "No ha tenido infancia", negando una parte tan importante de una persona que la convierte en otra completamente distinta. ¿Acaso no son ellos los realmente crueles y dañinos, esos que no conceden ese estado de extrema pureza a los que se han desviado del camino del bien? Monstruos.
Porque nadie de pequeño quiere convertirse en el malo de la película. Las expectativas que tiene un niño sobre la vida son muy diferentes a las que pudiera tener el pervertido o el gilipollas en la actualidad. Posiblemente, si pudiésemos hablar con el niño que fuimos, nos daríamos cuenta del millar de cosas a las que hemos renunciado. De la cantidad de sueños que hemos tenido que desechar para poder adaptarnos a un medio tan hostil, que nos obliga a adaptarnos o, peor que morir, no existir. Pero, si todos estamos así, si todos tenemos que renunciar a nuestros primeros deseos, ¿no sería más fácil entonces dejar de juzgarnos mutuamente? No, para nada. Nuestros juicios nacen de nuestro miedo a ser juzgados, de no poder aceptar aquello que nosotros no aceptamos. De nuestro ego. Y para nuestra generación, matar a nuestro ego, es clavarnos un puñal a nosotros mismos.
Retomando el tema, los niños son siempre héroes en su mente. Son siempre pequeñas luces sin claroscuros, transparentes, como personajes de cuentos, en los que no existe más de lo que eres capaz de ver. Ninguno de ellos sueña con la maldad, ninguno es capaz de cuestionarse si lo que hace está bien o está mal, sabe que lo que hace es correcto porque es lo que quiere y lo que le hace feliz. No piensan que algún día le harán daño a una persona, que algún día no harán lo correcto, que traicionarán a un amigo. Y pasará, posiblemente más de una vez. Pero mientras somos niños, tenemos la posibilidad de ser completamente inocentes.
Y no, ya no soy un niño. Es más, últimamente me he dado cuenta de que comparto una gran cantidad de rasgos con importantes villanos de la literatura, el cine, etc... Soy un sociópata nihilista, con un sinfin de carencias afectivas y trastornos emocionales, egocéntrico, misántropo, y podría seguir así un buen rato. Podría hacerle daño a cualquiera, al igual que podrían hacérmelo a mí. Y en el fondo...sigo siendo el mismo niño con miedo a la oscuridad.

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